Justo cuando estaba terminando de escribirte, se me ha reiniciado el ordenador por arte de magia. No sé si es que algo quiere impedirme que lo haga, o directamente has sido tú. Quién sabe.
El caso es que, aquí estamos un año más, impulsada por las fuerzas de la costumbre y la orfandad en su estado más puro. El por qué mantenemos este balance anual todos los años no da lugar a pensar que durante el resto de días no me busques, no te busque yo a tí. Puede que sea por miedo, ingratitud o simplemente por inercia, pero me siento mejor si lo hago, consigo quitar los fantasmas de mi cabeza. También, es cierto que en esta ocasión no hablamos en el día señalado, sino la noche antes. Lo prefiero así, por no saber lo que puede ocurrir mañana. Ante la duda de que me falte tiempo, o ganas, mejor ahora.
Mejor empecemos con esto, para terminar antes de que el ordenador vuelva a reiniciarse. Las cosas, como verás, siguen girando en torno a la misma rutina que en estos últimos años. Parece que nos hemos acostumbrado al bache, o el bache se ha acostumbrado a nosotros. Mantenemos la lucha y no la dejamos a un lado, pero seguimos pensando que, si estuvieras aquí, todo sería más fácil. De todas formas no tienes por qué preocuparte, porque hasta que nos dejen. El seguirá peleando como un gallo en la arena, por y para mi; yo seguiré peleando entre lamentos infames.
Por lo demás, no me va tan mal. Sigo acompañada por quien me sustenta la vida, desde hace ya dos años. No me arrepiento ni un día de haber cometido esta pequeña locura; aunque haya momentos malos, tras la crisis viene la luz, y sabiamos que esto no sería un camino de rosas. Al menos, entre rosa y rosa, vamos quitando las espinas… y los pétalos pueden sen tan dulces… También conservo amigos, que me apoyan incondicionalmente, e incluso me alegro de haber visto quiénes no eran tan amigos (más vale tarde que nunca).
Como muchas otras veces te digo, ya no soy la niña que un día dejaste. Los años y las circunstancias han hecho de mi alguien un poco más fuerte (eso que tantas veces hemos querido corregir) y algo más valiente. Eso sí, todavía quedan muchos botones que remendar. También tengo un camino adelante, y sé que has estado tranquila al ver que, las dos personas que más te echan de menos, han sabido anteponer su dolor a mi evolución. No ha quedado tan mal la cosa, ¿no? Sí, tengo millones de defectos, y pocas las virtudes, pero al menos soy una persona plena, sin carencias emocionales, morales o culturales. He sabido sujetarme a las riendas para luego llevarlas. Han sabido hacer eso de mi.
Una cosa no eclipsa a la otra, y no por ello no te he echado de menos. Ahora más que en los primeros años, cuando niña me vi con una situación que no todos los niños viven. En cada acontecimiento, en cada dolor, en cada paso en mi adolescencia… cada cumpleaños, en la pubertad, con cada graduación, con el primer amor y el primer desamor… en cada segundo de mi vida, definitivamente. Pero es por eso por lo que, cuando ya hecha mujer predico el escepticismo de lo Divino y el veneno de lo mundano, mientras otros acuden a deidades para aliviar sus temores, yo acudo a tí. Aún en mi silencio (ese silencio que siempre tanto preocupó pero algunos no supieron entender) eres mi orgullo y mi energía, mi forma de ver las cosas y la mejor historia jamás contada. Y siempre lo diré, y en cada momento me lo plantearé: contigo aquí, todo sería más fácil. Pero sin tí dentro de mi, las cosas serían imposibles.
Quince años ya, y lo recuerdo como si fuera ayer.

