Estos días se están caracterizando por los altibajos. En todos los sentidos, ojo. Hay momentos en los que estoy eufórica, mirando hacia adelante, y otros momentos vuelvo a revolcarme en mi propio fango. Hay días que me cunde el estudio, y días en los que no hago nada. Días en los que, aunque sí que se me pasa por la mente esa persona que ha decidido no compartir su vida con la mía, me distraigo mejor y lo dejo esas ideas aparcadas mientras sigo hacia un nuevo camino en el que tengo que salir (incluso vuelvo a tener ojos de mujer, en tanto en cuanto el término mujer conlleva el interés por los hombres)… pero otros días no. En fin, podría poner más ejemplos de los distintos ámbitos, pero sería redundar.

Hace unos días, y debido a una pelea gorda en casa, me enteré de que mi número es el 165, ni más ni menos. No me gustaría dejar aquí en público el significado de ese número, es decir, el qué atribuye, pero si alguien me pregunta se lo contaré sin problema alguno puesto que no es nada grave. Pero ese número me da mucho que pensar, y me ha hecho cambiar mis puntos de vista en sobremanera. Deciros que, gracias a ese 165, si bien un día antes estaba dubitando en abandonarlo todo, ahora que ese número me acompaña he jurado no sólo acabar la carrera, sino retomar mi antigua carrera (ingeniería industrial) y conseguir acabarla aunque sea poco a poco, como hobby durante mi carrera profesional. Es una meta que tengo que conseguir, porque me lo debo y porque se lo debo a alguien también.

Desde ese 165, y aunque no tiene nada que ver más allá de simple casualidades, he conseguido decidir que tengo que cerrar la puerta a mis espaldas, de una vez por todas. A eso también ha contribuído el que, de modo empírico, cada vez que me acerco a lo que no debo me quemo con el fuego, y no puedo seguir dando vueltas a una cosa que no tiene solución. Así que desde que he tomado tan dolorosa (una vez más, doloroso) decidión, aunque sigo perdiendo la mirada y la cabeza, al menos mis ojos son distintos. Su verdor ahora mira hacia delante, intenta saborear la vida, e incluso conocer gente nueva, interesarse por hacerlo.

En fin, 165, un número inquietante. Mi vida aún más, que no hace más que intentar subir y volver a bajar.