Después de un par de cartas a distintos periódicos locales. Después de una queja a la Empresa Malagueña de Transportes. Después de hablar sobre la poca vergüenza de algunos Organismos en un blog… Después de todo esto, ¡la victoria es mía! Esta es la prueba de que si nos movemos, nos escuchan. ¡Tengo voz y no me van a callar! Porque esta es mi ciudad, y como malagueña debo luchar por lo mío, por lo de todos. Hoy me siento un poco más satisfecha.

Aunque bueno, ahora queda que limpien el suelo pegajoso, claro.