Hace un par de días, presa de la pereza, decidí ir a clase en bus, en vez de andando como acostumbro (que por cierto, no voy en coche porque aparcar es IMPOSIBLE, así que me doy el paseo). Mi calle, como muchos sabeis, está cortada por obras (dichoso metro) y es por ello que la parada de autobús la han trasladado a la calle paralela.

Mira que la calle es grande, y mira que hay sitios… pues no, tienen que poner la parada AHÍ PRECISAMENTE:

No pueden poner la señal 30 metros más lejos, o más cerca. Me da igual dónde, pero no ahí por Dios, en mitad de unos contenedores de basura que, además, no sé ni para que están, porque si bien ellos estaban vacíos, el suelo de alrededor está lleno de fruta podrida, bolsas y manchas pegajosas (¡puercos! ¡que sois unos puercos!). Como comprendereis, me fui andando. Ni se podía soportar el olor, ni consentía estar allí esperando, teniéndome que colocar en la carretera para que el autobús me viera cuando pasara (porque claro, tras los contenedores, mi 1′60m de altura se reducen a una frente escondida tras los containers.

Estas cosas no se pueden consentir, ¿se cree el ayuntamiento que somos imbéciles?