La vida es una mierda. Injusta y gris, jodida. Sobretodo, injusta. Y hoy estoy muy enfadada con la vida y con sus leyes.

Ha fallecido la madre de uno de mis mejores y más apreciados amigos. El maldito cáncer ha podido con una luchadora más, una vez más…  Y no se merece esto, ni sus hijos aún en flor, ni su marido aún joven. Y ni mucho menos, ella, que le han arrancado muchos momentos que aún le quedan por vivir.

Al menos, pueden estar todos tranquilos de que ha peleado como la mejor, hasta el último momento. Y puede estar orgullosa, mirando desde el agujerito desde el que mire, de todos los suyos, especialmente de mi amigo. Que jamás se ha rendido, y jamás nos rendiremos.

Personalmente, me siendo cabreada, y mis lágrimas no son de pena, sino de ira. Ojalá pudieramos volver a los años 80, cuando jugábamos sobre la alfombra sin problemas y nuestros padres nos adoraban entre sonrisas. Aquellos años en los que ellos estaban todos aquí, en los que no teníamos problemas, y los problemas nos pasaban por encima de nuestra burbuja de cristal. Aunque no me leas, nosotros, tus amigos, solo podemos intentar protegerte lo mejor posible, para que al menos durante segundos te sientas como en aquellos años, arropado.

Gracias por haber luchado, gracias por darme ejemplo de que hay que continuar, hasta el final. Pase lo que pase.