Creo que la canción vale más que mil párrafos de los míos.

Nunca se me dió demasiado bien poner las cartas sobre la mesa,
nunca se me dió demasiado bien
Y ahora nos volvemos a encontrar y me preguntas que tal me va

Quisiera ser capaz, decirte la verdad,
decirte que me va realmente mal,
no te logré olvidar, ni lo intente quizás
Quisiera ser capaz mirarte y no temblar,
decirte que aun nadie me volvió a besar,
no te logré olvidar, ni lo intente quizás.

Y en lugar de eso, sonrio y tiemblo,
y te cuento que ya acabe la facultad,
me puse a trabajar y, me volvi a enamorar
Y en lugar de eso, sonrio y pienso
porque no seré capaz de decir la verdad.
Te pierdo una vez mas

Quisiera ser capaz, decirte la verdad,
decirte que me va realmente mal,
no te logré olvidar, ni lo intente quizá
Quisiera ser capaz mirarte y no temblar,
decirte que aun nadie me volvió a besar,
no te logré olvidar, ni lo intente quizás.

Y ahora me quedan dos opciones,
quedarme quieta o echar a correr,
y me pongo a correr ¿ya que puedo perder?
verás es que no me va demasiado bien,
no te logré olvidar, ni lo intente quizá
y me pongo a correr ¿ya que puedo perder?
verás es que ya nadie me volvió a besar,
no te logré olvidar, ni lo intenté quizá

Y ahora ya te toca a ti acabar con esta historia
ahora ya te toca a ti decir las cosas,
pon un punto y final o besame sin mas.
Y ahora ya te toca a ti, ya no vale callar,
esta vez no volveré a perderte una vez mas,
no me voy a marchar sin saber el final

Nunca se me dió demasiado bien poner las cartas sobre la mesa,
nunca se me dió, no, demasiado bien.
Y ahora nos volvemos a encontrar y me preguntas, que, que que tal me va,
y yo ya no se, ya no se ni que contestar

Creo que yo sí lo intento… aunque quién sabe. Unos días estás arriba, pero otros sigues abajo, y en picado.

Estos días se están caracterizando por los altibajos. En todos los sentidos, ojo. Hay momentos en los que estoy eufórica, mirando hacia adelante, y otros momentos vuelvo a revolcarme en mi propio fango. Hay días que me cunde el estudio, y días en los que no hago nada. Días en los que, aunque sí que se me pasa por la mente esa persona que ha decidido no compartir su vida con la mía, me distraigo mejor y lo dejo esas ideas aparcadas mientras sigo hacia un nuevo camino en el que tengo que salir (incluso vuelvo a tener ojos de mujer, en tanto en cuanto el término mujer conlleva el interés por los hombres)… pero otros días no. En fin, podría poner más ejemplos de los distintos ámbitos, pero sería redundar.

Hace unos días, y debido a una pelea gorda en casa, me enteré de que mi número es el 165, ni más ni menos. No me gustaría dejar aquí en público el significado de ese número, es decir, el qué atribuye, pero si alguien me pregunta se lo contaré sin problema alguno puesto que no es nada grave. Pero ese número me da mucho que pensar, y me ha hecho cambiar mis puntos de vista en sobremanera. Deciros que, gracias a ese 165, si bien un día antes estaba dubitando en abandonarlo todo, ahora que ese número me acompaña he jurado no sólo acabar la carrera, sino retomar mi antigua carrera (ingeniería industrial) y conseguir acabarla aunque sea poco a poco, como hobby durante mi carrera profesional. Es una meta que tengo que conseguir, porque me lo debo y porque se lo debo a alguien también.

Desde ese 165, y aunque no tiene nada que ver más allá de simple casualidades, he conseguido decidir que tengo que cerrar la puerta a mis espaldas, de una vez por todas. A eso también ha contribuído el que, de modo empírico, cada vez que me acerco a lo que no debo me quemo con el fuego, y no puedo seguir dando vueltas a una cosa que no tiene solución. Así que desde que he tomado tan dolorosa (una vez más, doloroso) decidión, aunque sigo perdiendo la mirada y la cabeza, al menos mis ojos son distintos. Su verdor ahora mira hacia delante, intenta saborear la vida, e incluso conocer gente nueva, interesarse por hacerlo.

En fin, 165, un número inquietante. Mi vida aún más, que no hace más que intentar subir y volver a bajar.

Al fin me atrevo a pasar por aquí. No quería porque, antes de nada, quiero aclarar que no voy a hablar nada de la otra persona que afecta a mi situación personal actual, y quienes han leído mi anterior post saben de qué situación hablo. Por respeto, y porque lo que nos tengamos o nos hayamos tenido que decir son cosas nuestras, esto no va a convertirse en un blog de cuchillos afilados y dolor comprimido. Sólo hablaré de mi, y nada más que de mi, puesto que este es mi blog, y de nadie más.

Y ahora sí, he aquí algunos puntos importantes que resumen mis cambios, que dan señales de mi vida:

  • He perdido unos cuantos kilos. Pero tranquilos, los estoy recuperando poco a poco. Hago esfuerzos por comer, porque en esta casa hay que mantenerse en pie en todo momento.
  • Dedico mucho tiempo a la Universidad (a deambular por allí, hablar de economía, intentar estudiar…) y cada vez paso menos tiempo en el ordenador.
  • He huído de mi cuenta de msn y conecto desde otra que tenía para asuntos de la facultad. También he huído de foros y otros entretenimientos “comunes”. Así que me aburro bastante, y siendo como si fuera una huída de mi vida. Pero lo prefiero así.
  • Vuelvo a ser adicta a la Cocacola, después de dos años.
  • Cuando dejé a mi ex (una ruptura dura, pues llevábamos 4 años saliendo y más de 8 de amistad) me di cuenta de quiénes eran verdaderos amigos y quiénes no. Es curioso ver que, gente que ves a menudo y con quien tienes un grupo de amigos bastante denso, aún no se han dignado a pegar un telefonazo y simplemente decir “cómo estás”. Otros que por el contrario no eran más que conocidos, están “dando el callo” y hacen que el círculo de amistades comience a rotar poco a poco. Aún así, ando perdida en esto de la reestructuración social; quizás es cuestión de tiempo, como todo lo demás.
  • El ámbito familiar sigue en su línea. Mucho apoyo moral, mucha terapia de choque aunque no me guste escuchar verdades que duelen… y en cuanto a la salud, seguimos progresando catastróficamente.
  • La semana que viene comienzo los exámenes. Siete asignaturas, siete exámenes… seguramente será un caos gracias a mis “distracciones mentales”. Pero se hará un esfuerzo.
  • Aunque tengo muchos momentos de debilidad, me he dado cuenta de que soy madura. Sí, es algo que antes me habían dicho, pero ahora tengo la conciencia tranquila de que no he hecho nada malo, de que he dado todo de mi y que eso se quedará conmigo, bajo mi moral.
  • Pasada la fase de obsesión e incredulidad por el suceso tan repentino, ahora estoy en la fase de “desmitificación”, como me dijeron hace unos días. Asumo no ser correspondida, en incluso abro los ojos ante muchas cosas. Saber en qué momentos se han portado bien y en qué momentos se han portado mal (sobretodo conocer los segundos) ayuda a desmitificar a la persona a la que debes olvidar, pero una cosa es la cabeza, y otra el corazón…
  • También, hasta hace unos días, vivía desesperada por conseguir que todo ese tiempo que dicen que tiene que pasar para tener el corazón tranquilo llegara. Ahora sé que el desamor no es más que la última etapa del amor, y que tengo que continuar mi vida masticando el dolor y asumiéndolo. No puedo huir de él, sino convivir con él hasta que éste quiera huir.
  • Mi cara necesita una arreglo inmediato, o comenzaré a parecer más mayor de lo que soy.
  • Creo que tengo úlcera de estómago, mi rodilla está peor… ah, y mi móvil ha muerto como consecuencia de un golpe contra la pared.
  • Al menos parece que los hombres huelen la soltería, pero no huelen que quiero estar tranquila y que “no soy de esas”.

Dentro de todo lo malo, ya he dicho que recibo señales de ánimo, y hay dos que han conseguido hacerme sonreir después de tres semanas. Una de las señales es un poema que me mostraron, de Ernesto Cardenal, y dice así:
Al perderte yo a tí,
tú y yo hemos perdido
Yo, porque tú eras lo que más amaba,
tú, porque perdiste a quien más te amaba.

Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo,
porque yo podré amar a otros como te amaba a tí,
pero a tí no te amarán como te amaba yo.

Por otro lado, mi amigo Alberto me dijo que seguro que pronto podré cantar esta canción:

Seguro que sí. Al menos el ser una persona con los pies en la tierra me hace ver, que todo esto es un periodo de transición, y que con el tiempo, todo pasará… algún día, todo se calmará en mi vida.

Hoy te escribo a tí, quien sé que no va a leer esto nunca. Al menos, es poco probable…

He decidido intentar no suplicarte, intentar mantenerme al margen mientras tu cabeza se ordena. Y es curioso que, navegando en la madrugada de ojos hinchados, encontré al azar esto:

A menudo dedico mis escasos ratos de lucidez a investigar nuevos modos de abrazarte sin que medie lo físico, y no porque no prefiera el abrazo al uso, sino porque hay una distancia forzosa entre tu cuerpo y el mío.

La distancia… qué efímera es la distancia cuando necesitas de esa otra persona para palparla, para sentirla. Cuando la distancia pesa en los hombros, hace plantearse todo lo que conlleva alrededor, y ver si merece la pena. Ahora tú, del modo más respetable, te planteas si realmente me quieres por encima de esa distancia. Y yo espero, porque así lo creo conveniente, aunque me rompa por dentro y no pueda comer, dormir o siquiera pensar (es por ello que pido disculpas a cualquier otro anónimo que me lea, si ve que mis palabras lloran por no tener coherencia…).
Puesto que son cosas que ya te dije, y son cosas que simplemente escribo para que toda la presión que tengo dentro se esfume por las yemas de mis dedos, contaré lo que yo hago. Al menos podría servirle a alguien. A mi la distancia también me pesa, y mucho. En ocasiones en las que quiero tirar la toalla (no con mi relación a distancia, sino con todo) una de las cosas que más maldigo es esta misma, que es cuando derivan preguntas tales como “¿Merece la pena?” o “¿Viviría mejor sin esto?“. Ciertamente, el no tener una atadura y siempre bajo la hipótesis del sentimiento nulo (heme aquí postulando como una ex-ingeniera), sería más cómodo estar sola, sin complicaciones, sin las preocupaciones por el ajeno ni los sinsabores de esta desesperación por no verle, pero… nuevamente me repito, ¿merece la pena? A mi sí me merece la pena, a día de hoy y creo que por siempre.

En esta relación que así se nos ha planteado, creo que hemos sido (y somos, al menos ahora) un buen equipo estructurado. Cada uno se ha encargado de un departamento de esta empresa llamada amor, y aunque nunca marchan las cosas con la perfección que quieres, creo que la idea no ha sido mala. Yo me he encargado de los largos plazos (ahora cambié al modo economista), donde he realizado un trabajo de campo sobre el “¿qué pasará mañana?”. He planeado con realismos y sin sueños vacíos el futuro, el fin de mi carrera académica y el inicio laboral. He conseguido tener un pie firme en un mañana junto a él, y ahora puede ser un hecho. Por su parte, tú, que aunque a ratos hablo de tí en tercera persona no dejas de ser a quien le escribo, te has encargado del corto plazo. Esto es, los reencuentros, los viajes de ocho horas en un autobús de mala muerte… en fin, en los modos de estar juntos hoy por hoy, a pesar de la distancia. Tú le has puesto los miedos para que yo intentara calmarlos, y yo le he puesto los llantos para que tú los enjugaras. Las sonrisas han salido de tus bromas, y las tuyas han salido de mis payasadas. Hemos reído, hemos llorado, hemos sido felices y nos hemos odiado… hemos hecho todo lo que una pareja normal pudiera hacer, a pesar de la distancia.

Pero ahora, ahora dudas de si merece la pena. Ahora no le ves un final juntos, porque no sabes cuándo llegará o si estás preparado para esperarlo. Yo sí le veo final, porque he sabido ponerle ese final que en mi Departamento hemos encontrado. Yo sí le veo una fecha casi definida, que aunque aún habla de casi dos años, ya existe. Yo apuesto por esto, sigo apostando… pero no puedo obligarte a tí a apostar. Y no quiero contarle a nadie esto, porque no creo que nadie deba ni presionarte, ni influenciarte.

Ahora, sólo me queda esperar, aunque la espera sea angustiosa, y pensar que sigo siendo aquella tímida chica del Sur, que un día conociste, y con quien un día emprendiste una aventura muy arriesgada. Los riesgos ya los conocemos, ¿pero no dan dulces finales? Yo sé que sí, debes saberlo tú. Y ojalá lo descubras, porque le rezo al Dios de los Imposibles en mis noches en vela.

Y si alguien lee esto, que también le rece a quien sepa o pueda.

Pues eso dicen. Algunos lo desmienten y otros lo afirman, pero el titular dice que la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha encargado de que en los hospitales madrileños de la Seguridad Social Pública, haya un cura católico en cada comité de ética de cuidados paliativos.

Sea como sea, ¿un cura católico tiene que decidir en la vida de miles de musulmanes de la Capital? ¿O de agnósticos como yo? El colmo dentro del neoconservadorismo aguirreano… De todos modos, mientras no se nos aclare al 100% si esto es sólo un bulo o es la realidad, no nos cuesta nada firmar y hacer saber que no estamos de acuerdo.

sanidad

Negro. Así es como lo imagino, en negro. Podría definirlo como inmaterial, vacío. Intento que mi imaginación se adentre en tal realidad efímera, pero no hay barandillas a las que sujetarse, ni peldaños que subir o bajar. Tampoco hay aire, y por ello no puedo imaginarlo más de lo que mis pulmones pueden soportar.

Opaco. Más oscuro y opaco que el tizne áureo del diamante en bruto. En ocasiones, me lo imagino profundo, hondo cual pozo incierto. Hay veces en las que el optimismo de la defensiva mental pretende imaginarlo con luces, pero las luces siempre crean sombras, aquellas que vuelven a llenarlo todo de oscuridad.

Nada. Al final todo se convierte en una nada asfixiante, una nada que desinfla el alma y enaltece la virtud del acabose. Lo incierto se vuelve lógico, y lo lógico es tan negro como la nada. Igual de incierto que los comienzos, tan irracional como de la pureza del raciocinio.

Miedo. El volver al deseo de la tranquila ignorancia se hace innato. La sensación de caer por un precipio despierta los cinco sentidos, los aviva y los enerva hasta el holocausto de la perdición, y los retrae por fortuna a la realidad presente. Todo es tan negro, tan opaco, tan vacío…


(Requiem. Escrito en el 2006 en DeviantArt)

Siento el retraso. Esta semana es movidita y llena de citaciones, idas y venidas. Prometo escribiros algo en cuanto acabe la semana. Pero mientras, y resignándome con el tema que nos representará en Eurovisión, fijaos en que ya han hecho versiones de todo tipo. Siempre pasan cosas así.

Aquí teneis una de las más recientes, hecha por el Gran Wyoming en El Intermedio. El “Chikifacha”:

Más cercanos a los montajes, he aquí una de las creaciones de los más aburridos:

En fin… Por cierto, ¿sabeis que el Chikichiki es obra de Santiago Segura y Pedro Guerra? En fin…

Por un lado no sabía qué escribir (bueno sí, pero si escribiera despotricaría, y no me apetece xD), y por otro, me ha obligado Esther a hacerlo, así que allá vamos:

¿Qué estabas haciendo hace 10 años?: Uhmmm… hace 10 años yo tenía 13… así que estaba cursando 1º de ESO en el C.P. García Lorca, aquí en mi ciudad. Básicamente, comenzaba a ser una niña adolescente, hormonada y pava xD

¿Y qué hacías hace 5 años? Buf, pues tenía 18 años, y estaba en 1º de Ingeniería Industrial. Fue un año feliz, de nuevos amigos y un mundo nuevo… pero también de grandes desilusiones, y de batacazos.

¿Y hace un año?: Pues cursaba 2º de Económicas (ais, sí, no pregunteis xD) y tenía una vida muy ajetreada xD

¿Ayer? Pues ayer estaba en la facultad, haciendo honores por cambiar el mundo (?) xD

Cinco canciones de tu vida: Ufff, ¡pero si hay muchas más! Bueno pues estas son algunas de ellas:

Don’t Look back in Anger, Oasis.

Secret Garden, Bruce Springteen

Falling Again, Lacuna Coil

Read my Mind, The Killers

Ohne Dich, Rammstein

Cinco ciudades: Londres, Berlín, Málaga (Oye, ¿por qué no?), Goa (India), Cartagena…

Cinco momentos de tu vida: Mi primer día en la Universidad, mi segundo primer día en la Universidad, el viaje a Orlando cuando era pequeña, el nacimiento de mi primo, una tarde en la estación de autobuses y con el corazón en la boca xD

Cinco Comidas: Thika Massala, lasagna, el pisto de mi abuela (xD), la carne bien cruda (sí, sí xD) y el arroz en general (de todos los colores, tamaños y sabores).

Cinco fobias: Los ascensores, las cucarachas, la muerte, la muerte de mis allegados, una dictadura.

Una imagen: La mar enfadada desde un espigón del puerto.

Un olor: El jazmin en las cálidas noches de verano.

Una frase: La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un sendero.  (Hermann Hesse)

Después de un par de cartas a distintos periódicos locales. Después de una queja a la Empresa Malagueña de Transportes. Después de hablar sobre la poca vergüenza de algunos Organismos en un blog… Después de todo esto, ¡la victoria es mía! Esta es la prueba de que si nos movemos, nos escuchan. ¡Tengo voz y no me van a callar! Porque esta es mi ciudad, y como malagueña debo luchar por lo mío, por lo de todos. Hoy me siento un poco más satisfecha.

Aunque bueno, ahora queda que limpien el suelo pegajoso, claro.

Hace un par de días, presa de la pereza, decidí ir a clase en bus, en vez de andando como acostumbro (que por cierto, no voy en coche porque aparcar es IMPOSIBLE, así que me doy el paseo). Mi calle, como muchos sabeis, está cortada por obras (dichoso metro) y es por ello que la parada de autobús la han trasladado a la calle paralela.

Mira que la calle es grande, y mira que hay sitios… pues no, tienen que poner la parada AHÍ PRECISAMENTE:

No pueden poner la señal 30 metros más lejos, o más cerca. Me da igual dónde, pero no ahí por Dios, en mitad de unos contenedores de basura que, además, no sé ni para que están, porque si bien ellos estaban vacíos, el suelo de alrededor está lleno de fruta podrida, bolsas y manchas pegajosas (¡puercos! ¡que sois unos puercos!). Como comprendereis, me fui andando. Ni se podía soportar el olor, ni consentía estar allí esperando, teniéndome que colocar en la carretera para que el autobús me viera cuando pasara (porque claro, tras los contenedores, mi 1′60m de altura se reducen a una frente escondida tras los containers.

Estas cosas no se pueden consentir, ¿se cree el ayuntamiento que somos imbéciles?

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